El mensaje de “La Mujer Maravilla”

Aprendiendo a ver desde un sentido crítico

La semana pasada tuve la oportunidad de ir al cine a ver una película, elegimos ver “La Mujer Maravilla”, debo decir que tiene muy buenos efectos, en general me gustó y pasé un rato ameno, y claro, no podía dejar de compartir el mensaje que me quedó de esta, que a pesar de ser una película de super héroes y esas cosas, me conmovió bastante.

La inclinación al mal versus el bien que mora en nosotros

Dentro de la historia, Diana (la mujer maravilla) se ve moralmente responsable de ir a salvar al mundo de la influencia de Ares “dios de la guerra” quien había hecho que los hombres se odiaran unos a otros. Al acabar con quien ella pensaba era el verdadero villano, se siente decepcionada al ver que nada ha cambiado, la guerra continúa y el hombre sigue lleno de maldad. No es sino hasta el final, que ella se da cuenta de que en el hombre habitan dos fuerzas, el bien y el mal, y que este se mantiene en una lucha constante en su interior.

Tal como decía Pablo en una de sus cartas a los corintios. “me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera” (2 Cor. 12:7), a quien Dios le dijo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Cor. 12:9). De igual manera, nosotros libramos una batalla en nuestro interior, en el judaísmo se usan los términos inclinación al mal e inclinación al bien (libre albedrío) no podemos evitar tener tentaciones, pero si podemos huir de ellas, resistirlas y reforzar cada vez más nuestro instinto de hacer lo bueno, cultivando nuestra espiritualidad, aprendiendo de las escrituras, dejándonos guiar por el Espíritu de Dios.

Personas ordinarias, haciendo cosas extraordinarias

Precisamente lo que abrió los ojos de Diana y la hizo ver que aun en medio de todo el hombre era bueno, fue el ejemplo de sus compañeros de pelea, cuatro hombres totalmente ordinarios, llenos de defectos y miedos, a quienes ella alentó para que lucharan por el bien de las personas inocentes que estaban sufriendo a raíz de la guerra. Ellos combatieron hasta el final, dispuestos a sacrificar sus vidas por otros. ¿Estarías dispuesto a dar tu vida por alguien que amas? incluso, ¿Darías tu vida por salvar a alguien que ni siquiera conoces, o a tu enemigo?, pues ese es el ejemplo de amor que nos dio el mesías, hasta la muerte fue capaz de llegar con tal de que nosotros fuéramos perdonados de nuestros pecados.

Es difícil responder a las preguntas anteriores, sin embargo debemos estar dispuestos a hacer cosas extraordinarias, aún cuando no tenemos super fuerza podemos cambiar al mundo desde donde estamos, dejemos el egoísmo a un lado y aportemos nuestro granito de arena, material, física, emocional y espiritualmente. Seamos esos personajes de la vida real que siguiendo el ejemplo del Super Héroe más grande de todos los tiempos, cambien el rumbo de la historia. ¿Tú, cómo piensas cambiar el mundo? ¿Te quedarás de brazos cruzados o vas a actuar ahora?, recuerda que  son los pequeños detalles los que marcan la diferencia.

¿Qué es el Shabbat? |Día de reposo

Primeramente, el Shabbat es el séptimo día de la semana. En la cultura hebrea, como se usa un calendario basado en las fases de la luna, donde cada luna nueva representa el inicio de un nuevo mes y el día empieza desde que se oculta el sol hasta que se oculta al día siguiente, Y llamó Dios a la luz Día,  y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día” (Génesis 1:5), el Shabbat se recibe viernes en el ocaso y termina el sábado en el ocaso.

Tres razones por las cuales debemos respetar y apartar este día:

Este fue el día que Dios bendijo desde la creación, el cual santificó, lo que quiere decir que lo apartó o consagró para descanso “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo;  y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó,  porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Génesis 2:2-3).

Es uno de los primeros mandamientos dados por Dios “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;  mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios;  no hagas en él obra alguna,  tú,  ni tu hijo,  ni tu hija,  ni tu siervo,  ni tu criada,  ni tu bestia,  ni tu extranjero que está dentro de tus puertas” (Éxodo 20:8-10).

Yeshua, nuestro maestro , como judío que era también guardaba este día “Vino a Nazaret, donde se había criado;  y en el día de reposo entró en la sinagoga,  conforme a su costumbre,  y se levantó a leer” (Lucas 4:16), y más que eso, él mismo afirma ser el Señor del día de reposo (Mateo 12:8).

¿Qué se hace en Shabbat?

En la Toráh encontramos la legislación suficiente para saber cuales son todas aquellas cosas que está prohibidas hacer en Shabbat, algunos incluso respetan las normas establecidas por los sabios rabinos, que no está de más conocer, y por supuesto analizar, sin olvidar que nuestra ley es la Toráh y que ninguna norma debe estar por encima de ella.

Algo que deseo recalcar es que aunque existen muchas prohibiciones, debemos ver el Shabbat desde un punto de vista positivo, ya que este es un día bendito, así que no solo se trata de los que no puedo hacer, sino en  lo que  sí debo hacer en ese día, Shabbat no es solo un día para reposar físicamente, sino para renovarte en todos los sentidos.

En este día dejamos a un lado todos los afanes y complicaciones que traen consigo la vida rutinaria, de la cual no nos podemos desprender, pero en este reposo no solo nos damos un respiro para descansar de todas nuestras obras al igual que Dios lo hizo, sino que además es una puerta que se abre para que podamos regocijarnos y deleitarnos de la presencia del Creador, cultivamos nuestra espiritualidad con el estudio de la Toráh, la oración constante y el compartir con los hermanos.

Y por supuesto, como la ley se resume en dos grandes mandamientos que son amar a Dios con todo nuestro corazón, mente y fuerzas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, en este día es permitido hacer el bien, y no solo esto, sino que es nuestro deber, y es el segundo más grande mandamiento, esto lo enseñó Yeshua, con sus palabras, con su ejemplo y acciones.

Si estas aprendiendo sobre judaísmo, y quieres empezar a guardar este preciado día, asegúrate de tener la intención correcta, te aconsejo que no lo hagas de manera religiosa y mucho menos impuesto, aprende a amar el Shabbat, aprecia este gran obsequio que Hashem nos ha dado. Tampoco te frustres si en algún momento fallas, que a todos pasa, pero Dios siempre está ahí esperando por ti, dedica este día a Él con todo el corazón.

¿Y tú, estas pensando en guardar Shabbat? ¿Qué es lo que mas te gusta de este día especial?

Desde ya, ¡Shabbat Shalom!

 

El secreto de Shavuot para guardar los mandamientos.

Acaba de terminar la celebración de Shavuot, la fiesta de las semanas (puedes aprender sobre esta y las demás fiestas en levítico 23), y he querido compartir un poquito de lo que aprendí en este año acerca de la festividad.

En este día se conmemora la entrega de la Toráh (los primeros cinco libros que aparecen en la Biblia) en el monte Sinaí, después de que el pueblo de Israel fue liberado de la esclavitud de Egipto, un acontecimiento de suma importancia para todo judío, pues en la Toráh está la esencia de su forma de vivir.

En ese momento fue confirmado el pacto que Dios hizo con su pueblo, por medio de los mandamientos, los cuales estuvieron dispuestos a cumplir, igual que tú y yo cuando abrazamos esa alianza y pasamos a formar parte del pueblo de Israel, pueblo de Dios.

Es como cuando un extranjero se nacionaliza en el país en donde vive, aprende de sus costumbres y leyes, y acepta respetarlas, siente una pertenencia especial por la patria a la cual se está adhiriendo por voluntad propia.

Tomar una decisión como esta, requiere madurez, responsabilidad, y sobre todo amor. Es excelente cuando logras comprender el porqué de un mandamiento, y aún más especial cuando entendiéndolo o no, lo cumples con amor, tal como dijo Yeshua a sus discípulos:

 “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14:22-26).

Y esta palabra a la que él se refiere, es aquella que dio el Eterno a su pueblo desde el principio, la base de su fe. Fue además en esta ocasión que el maestro dio la promesa de enviar al Espíritu Santo:

“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Juan 14:22-26).

Y es a este punto a donde quiero llegar, es precisamente en la celebración de Shavuot (indicado en la Biblia como Pentecostés) cuando estando los discípulos de Yeshua reunidos, Dios derramó de su Espíritu sobre ellos, y entonces recibieron entendimiento y poder para hacer todas las maravillas que vinieron después.

Es cuando recibimos este poder y entendimiento que se cumple el nuevo pacto que hizo Dios con la casa de Israel el cual es que pondría sus mandamientos en nuestra mente y corazón, es por medio de la guía del Espíritu Santo que esos mandamientos están siempre presentes para poder cumplirlos.

En esta festividad celebramos que tenemos Toráh, no solo escrita en piedra o papel, sino escrita en nuestro corazón, en el corazón de todo aquel que ama a Dios, y desea obedecerlo y honrarlo con su forma de vivir.

¿Y tú, pides constantemente la guía del Espíritu Santo para poder guardar los mandamientos que Dios te dio?

Mostrar amor al rechazado es marcar la diferencia

¡Quien no ha escuchado o mencionado la famosa frase  “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”!, la cual evoca a aquella ocasión en donde fueron los religiosos de la época de Yeshua, llevando consigo a una mujer que había sido encontrada en adulterio, claro está que la intención de ellos no era otra más que probarlo a él, ver si cumpliría o no lo que decía la ley que era el castigo que procedía.

No cabe duda de que su respuesta fue muy sabia, y más que eso podemos aprender una gran lección. Yeshua realmente era un personaje fuera de lo común, constantemente era criticado por juntarse con personas que a los ojos de los religiosos valían nada por ser “pecadores”, pero en esta ocasión es muy claro que todos ellos tenían sus pecadillos escondidos, puesto que ninguno se atrevió a tirar una sola piedra.

Yeshua era diferente, no tenía miedo de tocar leprosos o mujeres ritualmente impuras, poco le importaba que lo vieran hablando con samaritanos del otro pueblo que eran vistos como enemigos, él sabía mostrarle a la gente que Dios era para todos no solo para aquellos que alardeaban de tener una vida intachable cuando en realidad en su corazón estaban llenos de egocentrismo.

A veces podemos llegar a ser prejuiciosos con aquellos que son o piensan diferente, y algo que aprendí esta semana es que puedes estar bien con alguien, aun si  no estás de acuerdo con su ideología de vida. Aún entre personas que comparten la misma fe existen diferentes opiniones, pero para que vamos a perder el tiempo discutiendo ideas vacías, en lugar de ir y demostrar un poco de compasión a aquel que sufre por el rechazo de la sociedad.

Es facilísimo mostrar estima a aquellos que son muy parecidos a nosotros, pero amar abiertamente a los que son excluidos es como nadar contra la corriente, y eso señores eso lo que el Maestro quería enseñarnos, a no ser como el montón, y ver a los otros con compasión, no desde un punto de vista en el que “soy mejor” y entonces te hago el bien porque “soy muy bueno”, sino amarlo de verdad ¡¡AMARLO!!, y amar es aceptar al otro con todo, sin hipocresía, con sinceridad.

Los dejo con esta frase que expresa muy claramente lo que el maestro quería que aprendiéramos: “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados”. (Lucas 6:37)

Todos tenemos cicatrices memorables

Hace unos días mientras tomaba un baño, me quedé apreciando las cicatrices que tengo en el abdomen, son pequeñas pero no dejan de notarse, me quedaron por una operación que tuve hace aproximadamente ocho meses, debo seguirme cuidando pues mi problema es crónico, pero en general me siento bastante bien, y a raíz de eso me he interesado un poco más en mi salud, obvio con acciones.

Recordé cuando estuve internada antes de saber que era lo que tenía, juro que fue la semana más larga de mi vida, estaba deseando tanto regresar a casa, y peor aún la incertidumbre me estaba matando. En una camilla, sin nada qué hacer tuve bastante tiempo para socializar y como estuve un buen rato vi llegar e irse varias mujeres, y solo yo y mi compañera María, una anciana adorable, permanecíamos ahí.

Me causaba un poco de gracia ver la preocupación que tenían algunas, la mayoría mujeres maduras, por las cicatrices que quedarían en su cuerpo después de ser intervenidas, se recomendaban unas a las otras los mejores productos a su parecer que les dejaría la piel como si nada, porque ¡Sino como podrían volver a usar bikini! inconcebible.

Yo mientras tanto me tragaba el miedo que tenía, mentalizándome en que todo saldría bien, después de todo tenía a mis seres queridos conmigo, una familia que me esperaba con ansias, y que estoy segura que cada vez que me visitaban deseaban tomar mi lugar, y por supuesto mi compañero fiel que no hubo día que no llegara, me cuidara y deseara robarme del hospital o quedarse allí conmigo.

Fue en esos momentos de adversidad donde vi el poder de Dios realmente actuando en mi vida, desde el primer día, la atención fue la mejor, las personas amables, y por si fuera poco los milagros de Dios, porque si soy sincera puede que aún estuviera esperando por esa operación, mientras muchas de esas mujeres la habían programado con varios meses de anticipación, ahí estaba yo, sorprendida por un enfermero que de pronto me llevaba a sala de operaciones porque otra señora no llegó, ¿Coincidencia? No existen.

El hecho es que estas cicatrices, me recuerdan esos días de confianza en Dios aún en medio de la aflicción y el temor, así que además de que creo que nunca usaré bikini, esas cicatrices son memorables, al igual que las cicatrices que llevamos todos en el corazón, por nada del mundo las quitaría de mi.

Un consejo: si no sabes como empezar una vida de oración

Después de escuchar a un creyente expresar no poder orar, me puse a pensar un poco en el asunto, porque sinceramente también he pasado por esa situación y es por eso que abordo el tema con seguridad de lo que diré.

Es verdaderamente triste que después de gozar de una hermosa relación con Dios, esta se enfríe poco a poco, debido a las circunstancias, a los problemas, resentimientos (en la mayoría de los casos hacia otras personas, no hacia Dios),

Y llega un punto en el que te das cuenta que ya no dedicas tiempo a tu vida espiritual, desde que te levantas hasta que te acuestas a dormir, en ningún momento diriges una palabra o agradecimiento al Eterno, a pesar de que eres consciente de su existencia y te consideras creyente.

Pude superar esa etapa, y lloré pensando en ¡Como pude vivir tanto tiempo sin hablar con Él! ¡Como pude permitir que esa relación se secara tanto! Y algo que realmente me ayudó fue pensar que estaba hablando con un amigo (y en verdad lo es para mi), con confianza, no con palabras adornadas, sino con las mías propias.

Sin embargo, a algunas personas les cuesta todavía más y sienten ese temor de abrirse al Creador en una conversación, no sienten la libertad de pedir algo, pues creen que no merecen nada, se sienten malos y acusados, y todos esos pensamientos hacia sí mismos impiden que haya fluidez en ese momento.

Por eso aquí va el tip:

DESENFÓCATE DE TI Y ENFÓCATE EN LOS DEMÁS

Así es, si tanto te preocupa lo que pienses tú  de ti mismo, deja de pensar en ti, y empieza orando por los demás, incluso puedes hacer una lista con peticiones de otras personas, pide a Dios por todos ellos, tu familia, hermanos, compañeros de trabajo, incluso aquella persona que no te cae muy bien (Dios verá tu esfuerzo).

Esto te ayudará a no sentirte como en una silla de acusado siendo juzgado y así te sentirás mucho más cómodo, además pensar en los demás te ayuda a eliminar el egocentrismo de tu vida ya que no solo te enfocas en tus necesidades, sino en las de los demás y como de seguro serán muchísimas las peticiones, pasarás un buen rato orando y perderás la noción del tiempo.

Un gran ejemplo de humildad

¿Te ha pasado que de pronto Dios te llena de tantos favores, que llega a crecer un poco tu orgullo? A todos nos pasa de vez en cuando, es propio del ser humano querer ser reconocido. Muchas veces cometemos el grandísimo error de creer que somos superiores a los demás porque tuvimos mucho éxito en algo, y eso puede pasar también dentro del ámbito religioso.

En muchos relatos de la Biblia podemos notar que Dios usaba a las personas más humildes, los que tenían un corazón sincero, y no aquellos que provenían de una familia importante o que tenían mayores posesiones materiales. Por el contrario eran sencillos, como David un pastor, Ester una joven chica, los discípulos pescadores humildes, o Miriam (María) la madre de Yeshua.

Medito en esto después de leer el pasaje bíblico cuando Miriam después de haber sido visitada por el ángel quien le traía la gran noticia de que iba concebir por el poder de Dios cuando aún ella no había conocido varón, se humilló así misma delante del Creador del Universo reconociendo la grandeza de Hashem.

He aquí el fragmento de las palabras de Miriam (Lucas 1:46-55) :

“Engrandece mi alma al Señor;
Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la bajeza de su sierva;
Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.
Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre,
Y su misericordia es de generación en generación a los que le temen.
Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.
Quitó de los tronos a los poderosos,
Y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes,
Y a los ricos envió vacíos.
Socorrió a Israel su siervo,
Acordándose de la misericordia
De la cual habló a nuestros padres,
Para con Abraham y su descendencia para siempre”

Ella me ha dado un gran ejemplo de humildad, aún cuando su vientre atesoraba a nuestro Salvador no fue motivo de altivez, sino más bien expresó su humildad al aceptar que su dicha no era más que la misericordia de Dios que halló gracia en ella y la eligió para concebir a quien había de venir.

La próxima vez que Dios me permita servirle en lo que sea que Él me ponga en frente, recordaré que no es porque yo sea perfecta, sino porque en mi imperfección Él me transforma y me enseña a medida que yo le sirvo. Cuando Dios me llame recordaré que no debo sentirme superior a los demás, sino que debo tratar de ser la más pequeña, porque como dijo Yeshua “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”